Efectos Otoño

¿Qué le pasa a tu cuerpo cuando llega el otoño?

Según varias investigaciones llevadas a cabo por las universidades de Cambridge, Munich, Londres y Dresden, las diferentes estaciones del año pueden provocar alteraciones en nuestro organismo.

Uno de los principales perjudicados es, por norma, el sistema inmune, que cuando está en plena forma es capaz de mantener a las enfermedades a raya sin problema, pero que en aquellos momentos en los que estamos en baja forma, llevamos días descansando pocas horas y comiendo menos saludable que de normal se resiente. Todos estos síntomas son frecuentes con los cambios de hora y también, de estación y es entonces cuando nuestro sistema inmunológico flaquea ante todo tipo de bacterias, virus, hongos y cualquier otro agente extraño. 

De modo que, si bajan nuestras defensas, seremos más proclives a sufrir determinadas enfermedades que van más allá de coger un resfriado en invierno. Y es que cada estación tiene sus inconvenientes y en el caso del otoño estas tienen que ver con un descenso marcado de las temperaturas, un incremento de las lluvias y una vuelta a la rutina que se caracteriza por que durmamos menos horas al día.

La piel se resiente

En verano, con el sol y las buenas temperaturas se logra que algunas patologías que afectan a nuestra piel –como el acné, la dermatitis y la psoriasis– mejoren. Sin embargo, el cambio estacional y la llegada del otoño, producen, precisamente el efecto contrario y provoca que se reactiven de nuevo esos problemas cutáneos.

Esto es porque, en otoño, la piel reduce la secreción de sebo y la transpiración provocando que esté más reseca de lo normal. Es entonces cuando se altera tanto su estructura como su función de barrera que ayudan a protegerla de agresiones del exterior.

Por ello, es clave mantener la piel bien hidratada en otoño e incluso recurrir a lociones específicas que puedan aliviar la tirantez y calmar la piel.

Astemia otoñal

Al igual que ocurre con la astemia primaveral, la otoñal produce sensación de debilidad y/o fatiga y hace que realizar las tareas del día a día sea más complicado.

En otoño, la astemia viene marcada por el descenso de las horas de sol y es que este funciona como un antidepresivo natural que regula no solo nuestro estado de ánimo, también la segregación de melatonina responsable de regular nuestra temperatura corporal, nuestra energía y, también, nuestro sueño.

Esto último, la falta de sueño, es algo que podemos prevenir siguiendo una serie de recomendaciones para que el otoño no perjudique nuestro descanso.

Depresión

Como ya hemos visto, en otoño, como los días son más cortos y tenemos menos horas de luz solar, los niveles de melatonina aumentan haciendo que las cantidades de serotonina, la hormona de felicidad, sean menores. Y es que, según los expertos, a mayor nivel de melatonina y menor de serotonina y mayor sentimiento de tristeza.

Surge así lo que se conoce como depresión otoñal y, aunque se trata de un trastorno pasajero, la realidad es que plantarle cara es clave para que no se alargue en el tiempo.

Para ello, los especialistas recomiendan una dieta sana que incluya frutas y verduras de temporada –estas son las que, por sus propiedades, nos ayudarán a compensar los estragos del invierno–, realizar algún tipo de actividad física que reactive nuestros niveles de serotonina, descansar el mínimo recomendado para así tener energía y mantener la melatonina a raya y, siempre que se pueda, exponerse entre 10 y 15 minutos al sol –eso sí, con protección solar–.